¿Qué es la Realidad?

 

Esta pregunta a primera vista nos puede parecer rara, incluso absurda, ya que asumimos sin ningún juicio  lo que percibimos por los sentidos. Por tanto, la respuesta más habitual es que la realidad es el mundo que nos rodea.

Pero ¿hasta qué punto es cierta esta respuesta? Si lo analizamos más a fondo veremos que el asunto es mucho más complejo de lo que parece. Tanto es así, que esta cuestión es una de las más habituales que se han formulado los filósofos a lo largo de toda la historia y en todas las culturas, y a día de hoy continua sin una respuesta definitiva.

Empecemos explicando brevemente como percibimos el mundo. Nuestro cuerpo está dotado de un cerebro al que le llega información codificada mediante impulsos electroquímicos, procedentes estos de los órganos de los sentidos, los cuales se encargan de codificar la información que captan del exterior. Toda esta información que entra al cerebro es interpretada por este, creando una “copia mental” del mundo exterior.

Por tanto, lo que percibimos es la interpretación que ha inventado nuestro cerebro con la información que ha recibido. Es decir, se trata de una ilusión, porque dicha interpretación solo existe en nuestra mente. Y esa interpretación la consideramos como “realidad”, dándola por cierta.

Llegados a este punto ya empezamos a ver ciertas partes del sistema de percepción que podrían fallar y distorsionar la “copia mental” que crea el cerebro, haciendo que la realidad percibida no sea auténtica.

Por poner un ejemplo muy evidente, pensemos en alguien que sufre una crisis de ciática y siente dolor en una pierna. Esta persona creerá que tiene un problema en la pierna, incluso podría llegar a tratarlo con alguna crema aplicándola (en la pierna) sobre la zona del dolor. Las crisis de ciática se producen por un pinzamiento en el nervio ciático en la zona baja de la espalda (lumbar), pero los pacientes notan el dolor en la pierna, porque este nervio es el encargado de conducir la información de la pierna y, por tanto, el cerebro interpreta que el problema (dolor) está en la pierna, lo cual no es así, pues el problema está realmente en la espalda.

Otros ejemplos de interpretaciones erróneas de la realidad son los efectos producidos por algunas drogas, trastornos psiquiátricos, simuladores de realidad virtual, trucos de ilusionismo, etc…

Explicado esto nos damos cuenta que la realidad percibida por cada persona es única y propia de esta, y podría estar distorsionada o equivocada. De hecho, lo que sentimos no es la realidad, sino la ilusión que crea nuestro cerebro.

Todas las noches tenemos sueños, y durante estos creemos estar viviendo una realidad que cuando despertamos nos damos cuenta que es falsa.

Por tanto, nuestro cerebro tiene la última palabra sobre la realidad que vivimos, y es este quien decide si esa realidad es buena o mala. ¡Enséñale a que la vea buena!

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