Miedo a la Muerte


Cuando aparece la preocupación, nuestra mente no dejará de trabajar en ella hasta que la preocupación haya quedado resuelta. Simplemente se trata de un mecanismo de defensa frente a los peligros que nos rodean. ¿Por qué? Porque no estaremos a salvo hasta que el peligro desaparezca, y esto lo sabe muy bien nuestra mente. 

Durante el tiempo que dure la resolución del problema la mente pondrá toda su atención en ello, pues la salvación es la mayor prioridad. Esto significa desviar todos los recursos hacia la solución de la amenaza, y prácticamente olvidarnos de lo demás. Las funciones que normalmente deberían ser habituales en la vida quedan suspendidas, porque todos los medios se destinan a salvarnos del problema. 

Si la amenaza se torna difícil de resolver, esta situación puede cronificarse, y producirnos un gran desgaste psicológico y físico. No hace falta decir que este es el panorama habitual de nuestra sociedad. 

Si analizamos el problema y buscamos su origen siempre llegaremos al mismo punto de partida: la supervivencia. Todos los problemas económicos se fundamentan en el temor a la falta del sustento, porque sin alimento no podemos vivir y nuestra mente lo tiene muy claro. Y todos los temores a los problemas de salud se basan en el miedo a perder funciones corporales (vista, oído, movilidad... ) que pudieran dificultarnos la supervivencia en el futuro, o directamente se basan en el miedo a morir. 

Por tanto, todos los temores se originan en la pérdida de supervivencia, o lo que es lo mismo, en el miedo a la muerte. 

Cuando la persona tiene fe sabe que algo superior le está protegiendo y nutriendo en todo momento, pase lo que pase, y a la vez también tiene claro que la muerte no es el fin. Ambas cosas la liberarán del miedo y podrá afrontar la vida con ánimo y actitud positiva, sin preocupaciones. A dicho estado se le llama Felicidad, Reino de Dios, Nirvana, Tao... 

Además, el hecho de no apegarse al miedo le deja más recursos a la persona para dedicarse a otros aspectos de la vida, entre los cuales se encuentra la percepción de la Divinidad, es decir, sentir que la Divinidad está con ella. Esto sería imposible de percibir si la persona estuviera en estado de preocupación, porque no le quedarían recursos para ello. 

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