¿Qué es la Memoria Emocional?


La memoria emocional es un tipo de memoria que asocia una emoción determinada a una idea concreta, y guarda dicha asociación para siempre.

De esta manera, cada vez que pensamos o percibimos por los sentidos la idea, la memoria emocional pondrá en marcha la emoción asociada, la cual sentiremos en nuestro interior, afectando a todo el cuerpo, tanto física como psicológicamente, de la misma forma que la sentimos cuando se nos creó el recuerdo original.

Un ejemplo muy sencillo sería la sensación de hambre cuando olemos una comida que nos gusta. El olor de la comida que percibimos por los sentidos genera la idea de comida apetitosa en nuestro cerebro, y la memoria emocional busca inmediatamente la emoción correspondiente a esta idea, provocándonos la sensación de hambre.

El contenido de la memoria emocional se va creando con las experiencias emocionales que vamos teniendo a lo largo de toda nuestra vida, sobretodo durante la infancia. Por ejemplo, la primera vez que comemos un cierto alimento, nuestro cuerpo evaluará si nos sienta bien, y en caso positivo se asociará la emoción de hambre a la idea de este alimento. Si por el contrario el alimento nos sienta mal, se vinculará una emoción negativa, de rechazo o asco a dicho alimento, para evitar así comerlo en futuras ocasiones.

Como vemos, la memoria emocional forma parte de nuestro aprendizaje, e irá configurando poco a poco nuestros gustos y nuestra personalidad.

Hay otra parte de esta memoria que es instintiva y la recibimos en los genes, se trata en este caso de las emociones más básicas, como el vértigo a las alturas. 

Las personas que creen en la reencarnación afirman que también puede haber recuerdos emocionales procedentes de experiencias sucedidas en vidas pasadas.

En cualquier caso, la relevancia del recuerdo emocional dependerá de la intensidad emocional de la idea original que lo creó. Un suceso importante nos dejará más huella en nuestra memoria que un suceso de escaso interés.

Los recuerdos emocionales más destacados son los vinculados a experiencias negativas, porque son los que nos salvan la vida en situaciones de riesgo. Por ello, este tipo de recuerdo malos nos afectan más que los buenos recuerdos. Por ejemplo, el miedo a un animal que nos persiguió para atacarnos en algún momento de nuestra vida.

Además de con las experiencias vividas, los recuerdos emocionales también se crean al pensar o imaginar ideas con carga emocional alta, sin necesidad de vivir la experiencia. Por ejemplo, si pensamos reiteradamente que una cosa es mala, acabaremos asociando una emoción negativa a esa idea, aunque nunca la hayamos vivido. En este caso también influye mucho la información que recibimos del entorno, ya sea de otras personas, de medios de comunicación, etc... la cual generará la idea y su emoción en nuestra mente.

Cuando ponemos bastante atención en la idea se facilita la fijación del recuerdo. Por ejemplo, las experiencias traumáticas aumentan nuestra atención, facilitando así su memorización. Por este motivo los traumas nos crean más recuerdos emocionales que otro tipo de situaciones.

Por otra parte, las hormonas del estrés mejoran el funcionamiento de la memoria. Por ello, cuando estamos estresados aumentan tanto la fijación de recuerdos emocionales como la recreación de estos y otros, sobretodo los similares o los relacionados con el problema que nos estresa. Esto provoca que lo veamos todo "negro" cuando estamos estresados.

El contenido guardado en la memoria emocional está en el subconsciente, por lo que no tenemos acceso directo a él. Por ello, solo sale a la luz cuando pensamos en ideas que tienen una emoción guarda en esta memoria. 

Al contrario que la memoria normal, la cual podemos ordenar más o menos en una línea de tiempo, la memoria emocional no tiene línea temporal. Es decir, nos es imposible saber el tiempo que llevan guardados los recuerdos emocionales. Por ello, este tipo de recuerdos siempre afloran con la misma intensidad, pase el tiempo que pase.

Y por el mismo motivo, el contenido de la memoria emocional no se olvida nunca. Las emociones se crean y guardan para el resto de nuestra vida.

Pero no hay que alarmarse, porque la plasticidad del cerebro permite desvincular las emociones de sus ideas, rompiendo así las asociaciones que no interesan mantenerse. Incluso se pueden realizar nuevas asociaciones de las mismas ideas con otras emociones diferentes. Estos cambios de asociación pueden ocurrir de forma natural, pero lo normal es que los provoquemos nosotros conscientemente para lograr un objetivo concreto, por ejemplo para perder el miedo a una determinada cosa, o para corregir un hábito que no nos gusta. 

Estos cambios "forzados" sobre la memora emocional requieren voluntad y paciencia, pero si estamos dispuestos a ello, con tiempo obtendremos resultados muy positivos.

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